Acerca de amfcaceres

Pertenezco al Taller "Yo también cuento" que funciona en la Biblioteca Santiago

UN ENCUENTRO INESPERADO

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Hilda Zamorano

Una tenue lluvia caía sobre el pavimento, Valentina apretó nerviosamente el volante debido al tránsito detenido a esa hora. Presentía un retraso a ese encuentro tan importante.
Finalmente logra estacionarse y corre en busca del Café Tavelli de Providencia..
Sus ojos recorren las mesas hasta ubicar una desocupada al lado de una pareja que solo tiene ojos para sí misma.
El paraguas cuelga de su brazo, toma asiento y lo abre ante la mirada atónita del mesero.
– Señora – dice éste – aquí no se llueve.
– No se preocupe, será solo un momento para que alguien me ubique, responde Valentina, con énfasis y cerrando un ojo al pronunciar “alguien” con cierta intención.
A esta hora empiezan a llegar los locos, piensa para sí el camarero.
Qué ridícula me debo ver con el paraguas rojo abierto en medio de las mesas del café, piensa Valentina, casi adivinando el pensamiento del camarero, pero así acordamos con Francisco para reconocernos.
El único que contestó el anuncio de El Mercurio, donde decía que vendía el Roll Royce.
Es lamentable que tenga que vender el auto herencia de mis padres, pero es absolutamente necesario poner mucha distancia entre Renato y yo, tanta distancia como sea posible.Todo comenzó hace algunos años atrás en Milán. Conocí al ser más tierno, amoroso y bello que no había visto jamás. Alto, delgado, de cabellos castaños y ojos de un extraño color ámbar, un color intermedio entre el marrón y el avellana. Fueron sus ojos, o más bien, su mirada la que perturbó mi alma, no podía dejar de mirarlo en esa fiesta a la que acudí sin deseos y que sin embargo estaba llena de sorpresas. Había muchos jóvenes hombres y mujeres bellos todos como la mayoría de los italianos. Y para la guinda de la torta, como diría mi prima Alejandra, cantaba como los dioses.
Ese día conversamos un poco, logré saber que era psicólogo, que estaba soltero (yo también) y que adoraba la música (yo también…)
Me las arreglé para que me fuera a dejar a mi casa y obviamente lo invité a pasar ofreciéndole un café…
Comenzamos a descubrir tantas cosas que nos acercaban, como la literatura por ejemplo y la música clásica que nos trastornaba por igual
Desde entonces me sentí la mujer más dichosa del mundo saliendo con él, a exposiciones, a conciertos, al cine, a la ópera en la Scala de Milán, pero también conocí con él lugares bohemios como la Via Brera, etc.
Comenzamos una intensa relación amorosa. Me encantaba su espalda cuando hacíamos el amor, el color y la suavidad de su piel me atraía mucho, su sensibilidad, su delicadeza eran mi complemento, no había conocido antes un hombre con esas características, nunca había sido tan feliz.
Después de algunos meses hicimos planes para irnos a París durante las vacaciones de Agosto, compramos los boletos, todo estaba en orden hasta el momento.
Renato trabajaba en una empresa de gobierno como psicólogo laboral, yo en una Clínica Psiquiátrica, por lo que ambos teníamos horarios parecidos.
Faltaban unos días para nuestras vacaciones y decidí comprar algunas cosas que me hacían falta, Renato no me pudo acompañar porque había llegado un amigo suyo del extranjero a quién quería saludar.
Ese día no nos vimos y creo que fue el primero en esa vorágine en la que nos vimos sumergidos.
Al día siguiente no se presentó en la Clínica como hacía todos los días para irme a buscar, le llamé por teléfono pero no respondió.
En fin, me dije, estará ocupado, ya me llamará.
Pero no me llamó tampoco al día siguiente, pasaron varios días en que yo le busqué y no le encontré en ninguna parte.
Faltaba poco para nuestra partida a París, para disfrutar de las tan anheladas vacaciones y su ausencia me trajo un mal presentimiento.
Estábamos en Italia, las mujeres italianas son bellas, yo no era fea pero distaba mucho de competir con ellas, ¿será que se había enamorado de otra? Esos pensamientos no me dejaban en paz.
Finalmente decidí no moverme frente a su domicilio hasta que llegara, lo que hizo bastante tarde y un poco ebrio, pero no venía solo. Junto a él llegaba otro hombre a quién no pude distinguir con claridad desde mi coche.
Pensé con qué facilidad los hombres salen a juerga mientras una sufre el alejamiento del ser amado.
Bueno pues, entraron en el departamento sin que ninguno de los dos se diera cuenta de mi presencia.
En los meses vividos juntos me había dado una llave que en ese momento no quise ocupar, no sé por qué razón, y toqué el timbre.
Lo hice insistentemente varias veces pero nunca me abrieron.
Entonces decidí abrir la puerta con mis llaves.
Mejor no lo hubiera hecho, el espectáculo ante mis ojos me derrumbó, mi amado Renato y su acompañante se besaban con una pasión digna de la mejor película italiana.
Decir que sentí un gran dolor está lejos de la realidad, creí que me moría de angustia.
Era tanta la emoción que los envolvía que no se dieron cuenta de mi presencia, di la vuelta y con pasos vacilantes me alejé de allí.
Por mis mejillas caían unas torpes lágrimas que enjugué con fastidio.
En ese momento decidí regresar a mi país en lugar de irme sola a París. Las vacaciones se fueron alargando, la cercanía de mi familia ayudó mucho para que pudiese olvidar la terrible experiencia pasada en Milán. Decidí quedarme en Santiago e ingresé a trabajar en una prestigiosa Clínica de Providencia.
Y después de tanto tiempo el destino se encargó de ponerlo nuevamente en mi camino: Renato llegó a Chile con su novio a trabajar en el mismo lugar en donde trabajo yo.
Por fin llegó el posible comprador del Roll Royce, me dará pena deshacerme del coche pero ese dinero me dará un pasaje que me llevará al fin del mundo.

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DÉCIMAS A GABRIELA

GABRIELA MISTRAL

Ana M. Fuentes C. Mayo 2015

Un homenaje a Gabriela
la insigne poetisa
que escribe cual una brisa
imitarla uno quisiera.
Ojalá que se pudiera
conocer toda su obra.
La cultura nunca sobra
enseñemos sus poemas
levantémoslos cual lema
será una buena maniobra.

“Velloncito de mi carne”
el más tierno de los versos
el más dulce de los besos
cuando acuna una madre.
Que es la sangre de su sangre
“que en mi entraña yo tejí”.
Con este verso yo mecí
a mis hijos en la cuna
cantando bajo la luna
con mis bebés lo sentí.

“Una niña que era inválida”
los “Piececitos de niño”
son poemas de armiño
salidos de la crisálida.
Cantados en noches cálidas
para sensibilizar.
Que yo quiero entonar
lanzar a los cuatro vientos
y degustar el momento
que nos dispone a amar.

Nos ha honrado con el Nobel
que es el mayor galardón
lo asumimos cual pendón
cual cáliz de hidromiel.
Maestra es que quiso ser
desempeñó varios cargos.
Pasó momentos amargos
entre el amor y la muerte
tuvimos una gran suerte
no aceptó nunca el letargo.

Tuvo cargos diplomáticos
en los países del mundo
con ahínco muy profundo
su quehacer fue catedrático.
Con poemas aromáticos
a despedirme comienzo.
Escribiré en un lienzo
mi nombre es Ana María
disculpen la algarabía
de esto que yo les comento.

TESTAMENTO

testamento

(Verso a lo poeta) Ana M. Fuentes Noviembre 2014

Me han pedido un testamento
Repartirlo entre herederos
Serán bienes duraderos
Mi riqueza del momento.

Estoy pensando con calma
La herencia que puedo dejar:
Los dolores mitigar
Mejor entregaré mi alma
Y belleza que hace falta.
Que el mundo esté muy contento
La alegría es fundamento
De un pasar siempre mejor
Que me inspire el Hacedor
Me han pedido un testamento.

Que la verdad siempre impere
Aunque le pongan mordaza
Y la tomen con tenazas
Es mejor para los seres.
Aunque la huella perdiere
Seremos todos sinceros
La verdad es derrotero
Parece tarea fácil
Pero creo que es más ágil
Repartirlo entre herederos.

Que nunca falte la música
Que es el arte más perfecto
Para oídos tan selectos
Aunque de apariencia rústica.
Tendré que poner mi rúbrica
Frente a muchos caballeros.
Lo que es perecedero:
Jazmines, nieve y pájaros
Aire puro, cielo diáfano
Serán bienes duraderos.

Gozar la naturaleza
Las plantas, los animales
Admirar tantos rosales
Desterrar toda pereza.
Comer juntos en la mesa
Amarnos con sentimiento.
Creernos todos el cuento
Que este mundo es el mejor
Les entrego una flor
Mi riqueza del momento.

Cuando la haya repartido
Esta declarada herencia
Me presento ante la audiencia
Fuentes Cáceres han sido
Por siempre mis apellidos
Y de nombre Ana María.
Me despido a la salida
Cogollito de verbena
Con olores de azucena
Será herencia compartida.

El chevrolet del barrio

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Hilda Zamorano

Esa primavera mi padre había decidido restaurar la fachada de nuestra casa por lo que ésta se había llenado de maestros y albañiles.
Fea se veía mi casa, llena de barro y pedacitos de latón adheridos con cemento a la pared. Grandes andamios no me permitían salir hacia el Liceo con el uniforme limpio, mis zapatos recién lustrados quedaban cubiertos de polvo. El único consuelo era la promesa de mi padre que la casa se vería preciosa una vez terminados los trabajos. Mi anhelo era que estuviera lista para celebrar en ella mis dieciocho años.
Recuerdo que en esos días al mirar la casa de Silvia, mi amiga de enfrente, me producía un gran desasosiego. Silvia, la chica mas linda del barrio, la única rubia de pelo largo, de estilizada figura, me había empezado a mirar con cierto desdén; su cambio de actitud coincidió con la llegada de un vehículo negro, un brillante Chevrolet comprado por su padre, que hasta ese momento era el único auto de la cuadra.
El papá de Silvia era un señor muy gordo y bajito, de cara roja, ojos saltones, y movimientos bruscos. Después de su valiosa adquisición, el señor apenas inclinaba la cabeza en señal de saludo a sus vecinos. Se le veía a menudo limpiando y encerando minuciosamente el vehículo con movimientos enérgicos y cuidadosos, daba la impresión de estar puliendo una joya. Diariamente iba a dejar al colegio a su hija antes de irse a su burócrata oficina en el banco. Y los domingos la familia entera luciendo sus ropas elegantes salía para asistir a la misa dominical. Esto no hubiera llamado la atención si no hubiera sido porque la iglesia quedaba solo a cuatro cuadras de su casa. Tiesos y sin mirar a nadie, esperaban que el señor pusiera en marcha el vehículo.
La mamá de Silvia, la señora Angélica, quién antes del acontecimiento era una persona agradable que a menudo deleitaba a sus vecinas con entretenidas conversaciones en el negocio de la cuadra, también había adoptado un aire distraído al saludar.
Y para completar el cuadro, Rubén, el pesado hermano chico de Silvia se burlaba de mi cada vez que podía diciéndome : “ tu casa es la mas fea de la cuadra…”
Yo estaba muy nerviosa en esos días, mi papá me había prometido un tocadiscos para mi fiesta de cumpleaños. Me preguntaba si habría música y si estaría lista mi casa.
En ese tiempo me gustaba mucho un joven que vivía en la misma cuadra, se llamaba Felipe y era cadete de la Escuela Militar. Moreno, de alta estatura, delgado, muy buen mozo, pestañas largas y labios gruesos, con un sutil parecido a Yul Brynner. En cambio yo no sobresalía del resto de mis amigas , mi cuerpo era demasiado delgado, sin mucha gracia y había acentuado un carácter tímido que trataba de superar. Solo me caracterizaba por mi gran afición a la lectura, que compartía con Felipe. Con él conversaba mucho sobre la novela rusa, sobre la prosa dramática de Dostowieski. A ambos nos gustaba la poesía, amábamos a Federico García Lorca.
Con grandes esfuerzos había conseguido permiso para salir con él dos veces al cine. Un día, al despedirnos, lo miré antes de entrar a casa y ví que se le acercaba Silvia, luego los observé caminando en dirección a la casa de ella.

Cerré la puerta de calle y casi sin aliento apoyé mi espalda en ella tragándome las lágrimas. Mi mamá preocupada me preguntó que me pasaba y por supuesto respondí que nada. Cuando logré aplacar mi tristeza empecé un frenético paseo entrando y saliendo de casa. El brillo del Chevrolet indicaba que el padre de Silvia había llegado. Mi madre puso fin a mi naciente neurosis llamándome a cooperar con los quehaceres domésticos y dejándome así suspendida en mi furia.
Desde ese día se terminaron mis conversaciones y mis salidas con Felipe, solo nos saludábamos cada vez que él iba a visitar a Silvia. Viéndolos juntos me sentía muy mal pero me sentí peor cuando lo vi subir al auto. Pasaron los días y no pasaba mi pena. No podía borrar de mi mente la imagen de Felipe junto a Silvia dentro del vehículo que había comenzado a odiar.
Por fin llegó el día de mi cumpleaños, Los arreglos de la casa habían llegado a su fin y las voces de “The Platters” inundaba la sala.. Con mi mamá preparábamos los canapés para la fiesta. Mi vestido nuevo esperaba encima de mi cama. Me inundaba una gran ansiedad. Estaba muy ilusionada con mi primera fiesta bailable.
Empezaron a llegar los amigos y Silvia una de las primeras invitadas. Recibí muchos regalos, varios long play y algunos libros.
Las chicas se veían muy lindas en sus faldas “plato”, se sentaron frente a los jóvenes vestidos ellos también muy elegantemente. Nos servimos canapés y un ponche suavecito que preparó mi padre.
Se escucharon los primeros compases de un rock and roll y casi al mismo tiempo sonó el timbre. Era Felipe quién desde su altura me miraba con un gran ramo de flores y un disco de “Los cuatro Ases” con una hermosa dedicatoria: “discúlpame por haber sido tan tonto, te quiero mucho”.
Emocionada le di las gracias y nos pusimos a bailar y a pololear oficialmente.
No me di cuenta de la hora hasta que alguien se despedía de mi, era Silvia, quién se acercó con aire presuntuoso a decirme que se iba porque al día siguiente muy temprano ella y su familia se irían en el auto a la playa.
Felipe y yo solo sonreímos.

¡A QUIEN SE LE HABRÁ OCURRIDO!

mujer escribiendo

(Verso a lo poeta) Ana M. Fuentes C.

A quien se le habrá ocurrido
las décimas aprender
activando mis neuronas
aumentando mi saber.

La ocasión hace al ladrón
y también a la escritora
yo que he sido profesora
la escritura es mi pasión.
Un panfleto cual pendón
en la clase he leído.
El profesor lo ha traído
Sergio Bueno es el culpable
que yo en décimas les hable
¡a quién se le habrá ocurrido!

Don Sergio no tiene idea
de estos alumnos brillantes
que demuestran buen talante,
Si parezco Dulcinea.
Nos inspira Atenea
que representa el saber.
Ampliar la mente y querer
expresar las emociones
por eso estas acciones:
las décimas aprender.

Si parece que es un juego
de conceptos y palabras
verdadero abracadabra
ya no me siento tan lego.
Me ha aumentado mucho el ego
escribiendo en mi poltrona.
Le diré a doña Ramona
que gocemos escribir
es una forma de vivir:
activando mis neuronas.

Décimas, brindis, cuartetas,
redondilla, pie forzado,
ovillejo es obligado
hay que tener mucha treta.
Que se llene la maleta:
versos habrá por doquier.
Poetisa hay que ser
con ideas muy folklóricas
y así sentirse pletórica:
aumentando mi saber.

Hasta aquí llegan las coplas
de este verso a lo poeta
me despido cual saeta
con el viento que resopla.
Cubriéndonos como aureola
y gracias al profesor.
Soy ahora transmisor
y me siento realizada
de tarea efectuada
de las payas propulsor.

CUANDO EN POLVO ME CONVIERTA (Décimas)

muerte

Ana M. Fuentes

Cuando en polvo me convierta
ahí yo los quiero ver
¿también van a perecer
aunque la occisa se invierta?
Esto es grave a ciencia cierta
morirse tan lentamente.
Todo esto es inminente
ahora estiro la pata
les daré toda la plata
ininterrumpidamente.

Ininterrumpidamente
gozaré toda la vida
la muerte no me es temida
yo viviré plenamente.
Sembrar cual mujer demente
amor, bondad que divierta.
Y que a nadie desconcierta
flores, olores y versos
mi cuerpo estará muy terso
cuando en polvo me convierta.

AMELIA

MAS TACOS ALTOS
Hilda Zamorano

<em>La puntualidad no ha sido precisamente una característica de Amelia. Este es un gran día, nos citamos a las 7 de esta tarde y por supuesto tendré que esperarla…..como siempre., es decir como lo hacía en Santiago cuando éramos estudiantes del Pedagógico y nos poníamos de acuerdo para estudiar. Siempre llegaba tarde, usaba trajes adheridos a su hermosa figura, y siempre con zapatos de tacón alto, en una época en que todas usábamos jeans y zapatillas.

Despistada o coqueta, no sé, ella quería andar siempre bien vestida y por supuesto para ello necesitaba mucho tiempo, del que nosotros no disponíamos, por lo tanto ella llegaba atrasada a todas partes. Musky, no molestes a las niñitas de la mesa vecina, échate a mis pies, ya pronto llegará mi amiga.
¿Cómo se encontrará después de la muerte de Gabriel? Aún debe sentirse muy angustiada, pobre mi amiga, lo quería tanto! Uf, que calor hace aquí, anunciaron 40 grados. Pediré una cerveza bien heladita mientras espero. Musky ¿quieres un poco de agua? Ahora te la pido, pero siempre que te quedes quieto.
Recuerdo cuando Amelia conoció al que después fue su marido. Ibamos juntas caminando apuradas por los jardines del Peda, y ambas nos dimos vuelta cuando vimos pasar cerca de nosotras un joven guapo, alto y muy delgado. . Nos sedujo su vestimenta informal, con un pañuelo en forma de cintillo tratando de sujetar sus cabellos negros y largos que le cubrían el rostro, en sus muñecas se apreciaban unas pulseras hechas de cuero. Para algunas personas hubiera sido un joven excéntrico pero a nosotras nos fascinó. Iba con un montón de carpetas y planos y sucedió lo típico: se le cayeron algunos planos que nos apresuramos a recoger. Amelia y él se quedaron mirando como hipnotizados. A mí nadie me vió y eso era difícil en aquel tiempo, yo no pasaba desapercibida debido principalmente a mi volumen. No se separaron nunca más. En las fiestas giraban como verdaderos profesionales del rock and roll, o al ritmo del tango, mientras nosotras los mirábamos embelesadas y envidiosas. Yo hubiera querido bailar asi pero no me atreví nunca, además solo mi hermano me sacaba a bailar de pura pena de verme sentada sola, estoy segura. Si me vieran ahora mis compañeras, no me reconocerían después de las innumerables dietas y de tantos gimnasios por fin estoy con un peso normal. Pero hace tantos años que no he visto a nadie, no he regresado a Santiago, aún tengo la “L” en mi pasaporte que me impide entrar a mi país. Ya me vino la nostalgia! Y no quiero ponerme a llorar, no ahora que voy a ver a mi querida Amelia después de tantos años. Vino a México a visitar a sus hijos y aprovecharemos de recordar viejos tiempos.
Musky, quieres una galleta? Toma una y no sigas molestando a las niñitas, su mamá está furiosa, sí, yo sé que son ellas las que te hacen gestos con sus manos, si no te estoy retando……….
Amelia sigue tan impuntual como antes.
En aquellos años creo que todas estábamos un poco enamoradas de Gabriel, pero él eligió a la morena mas estupenda de la escuela de bibliotecología, y a la más baja, porque a pesar de subirse a unos enormes tacones apenas le llegaba al hombro. Se casaron una vez que Gabriel se tituló de arquitecto en una ceremonia en una de las pocas iglesias góticas de Santiago. Una tía de él nos emocionó hasta las lágrimas cuando entonó el Ave Maria de Schubert. Al salir de la iglesia se subieron a una carroza tirada por caballos, de esas antiguas, solamente disponibles para personas cercanas a la Cochera Presidencial, gracias a gestiones hechas por el padre de mi amiga. El velo de la novia flotaba sedoso al viento.
El tío Vicente les regaló el viaje de novios a Ibiza, él no pudo asistir al matrimonio.
Regresaron felices y mas enamorados que nunca. El primer encuentro con los amigos fue en el pequeño departamento que habitaron. Después no nos vimos como antes. Amelia se tuvo que preocupar de su hogar y de su marido. Se transformó en “dueña de casa” y se fue quedando en el tiempo.
Nacieron dos preciosos hijos, yo soy la madrina de Isabel quién sigue los pasos de su padre y está en México ahora realizando una maestría. Gabriel, el hijo, se fue a Francia dotado de una sensibilidad especial para la música, se dedicó al clavecín.
En París se enamoró y decidió vivir con su pareja. Amelia no se explicaba la conducta de su hijo, su marido la culpaba a ella de haberlo mimado excesivamente. Ella le decía que el responsable era él, siempre frío e indiferente con el hijo, cómo iba a confiarle sus dudas si para él solo existía la hija y despreciaba la elección sexual de éste. Amelia viajaba a Parías cuantas veces podía a visitar a su hijo, aunque para ella también era muy difícil aceptar la relación de éste con otro joven. El año pasado se enteró que Gabriel tenía sida. Fue un golpe tremendo, sus cartas eran gritos de lamentos, cómo no entenderla!
Quiso llevarlo a Chile pero los médicos la desaconsejaron. Los últimos meses los vivió con él y la pareja de su hijo, creándose entre ellos un gran afecto nacido en lo más profundo del dolor.
Tengo tantos deseos de ver a mi amiga, abrazarla y decirle cuánto la quiero. Ya se ha tardado demasiado, Musky, despierta, iremos a ver si se ha perdido, ella no conoce esta enorme ciudad.
Caminemos.
Que hará tanta gente allí?. Algo pasó, tengo un mal presentimiento. Permiso, señor, permiso, déjeme pasar por favor!
Dios mío es un accidente, y es una mujer la atropellada, allí hay un zapato de tacón alto. Está vestida de negro, pero le cubrieron el rostro, parece que falleció al instante. Pobrecita, quién será?
Vamos Musky, no me tires la correa, regresaremos a casa a esperar que me llame Amelia y me explique qué le pasó, estoy segura que se perdió…….

VIDA Y MUERTE

(Verso a lo poeta)
Ana M. Fuentes C. Diciembre 1 de 2014.

imagen vida y nuerte

Esta vida es verdadera
la otra cara es la muerte
la misma medalla son
hay que tenderles un puente.

Apreciemos el valor
que esta vida nos ofrece
disfrutémosla con creces
degustemos su sabor.
Aspirémosla cual flor
que se muestra en primavera.
Cojamos sendas certeras
y si erramos lo arreglamos
corregir no será en vano
esta vida es verdadera.

Observar el firmamento
contar todas las estrellas
es la tarea más bella
de gozar este momento.
El cielo será el cimiento
y el altar de nuestra suerte.
Es bueno vida tenerte
presente siempre y muy cálida
aunque te tornes muy pálida
la otra cara es la muerte.

Muerte y vida es un contraste
es el alfa y el omega
la ambivalencia me ciega
las dos tienen gran arrastre.
Reflexiono ¡qué desastre!
amémonos con pasión.
Entonemos la canción
del vivir y del morir
muerte y vida distinguir
la misma medalla son.
La vida es naturaleza
pájaros, árboles, montes
movimientos, ruidos que absorben
Contemplemos con presteza.
La brisa del mar nos besa
a los humanos conscientes.
Vida y muerte consecuentes
una existe con la otra
morir no será derrota
hay que tenderles un puente.

Se terminaron los versos
reflexionando la vida
también la muerte temida
y pensamientos diversos.
Me despido con mil besos
cogollito de azahar.
Cuento de nunca acabar
me nombran Ana María
me voy con mucha alegría
Y la décima final.

LA SEÑORA SILVIA

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Por: Hilda Zamorano

Si pudieras ver lo hermosa que está la Plaza Brasil en esta época del año, es esa de la que tanto te he hablado al contemplar los hermosos “zócalos” de tu
país. Permanece casi igual que antes de irme: los mismos árboles añosos que parecen estirar los brazos buscando la tibieza de la primavera; los mismos escaños de madera vieja, descolorida la rodean completamente; solo una fuente de agua de formas modernas cambiaron un poco su fisonomía de plaza señorial, testigo de tantos amores y desamores y en su momento también, de las más cruentas batallas entre cadetes del ejército y los jóvenes del colegio cercano, en donde yo estudiaba.

En el lugar que ahora es ocupado por un restaurant chino, estaba el cine del barrio. Allí mi hermana y yo nos íbamos huyendo de las aburridas clases de la señora Silvia. Te he contado alguna vez acerca de ella? Enseñaba historia con una voz ronca, un tanto masculina, sería por eso que los alumnos la respetábamos tanto, (o le temíamos). Sin embargo su voz contrastaba con su figura pequeña, delgada, casi efímera, su rápido taconeo se oía a través de los pasillos como de alguien a quien el tiempo no le es nunca suficiente. Al acercarse al salón de clases, con una mano se tocaba las horquillas que afirmaban su “moño” de tres pisos, como decía mi hermana. Usaba siempre trajes sastres, pero contrariamente a lo que se pudiera pensar, se veía muy femenina, tal vez porque los colores que usaba combinaban de maravilla con sus ojos celestes, escrutadores, y sobre todo alegres. Pero lo que más nos gustaba de ella era …….. su hijo Rodrigo.

Una vez me contaste que en tu adolescencia te habías enamorado de tu profesor de inglés, y que cada vez que lo veías sentías que te faltaba el aire y tenías la sensación de estar siempre con la cara roja, por lo que te costaba mucho concentrarte en tus estudios. Bueno, por eso te lo cuento, sé que me entenderás, me pasaba eso mismo cada vez que veía llegar a Rodrigo, aunque creo que todas las alumnas estábamos secretamente enamoradas de él. Y creo también que Rodrigo sabía lo que producía entre nosotras porque cada vez que iba a buscar a su madre se paseaba con petulancia por los pasillos del colegio, alisando con una mano su cabello negro con brillos dorados. El estudiaba violín en el Conservatorio Nacional de Música, una vez conversamos un poco mientras yo bendecía a mi abuela que me había obligado a ocho años de escalas y solfeos, jurando que sería pianista. Me contó que en las vacaciones se iría a Buenos Aires a encontrarse con su papá, en cambio en mis vacaciones yo debía concentrarme en estudiar para el examen pendiente de Matemática que debía dar en marzo.

De regreso de las vacaciones, con gran alegría recibí mi nota que me permitía pasar de curso, me prometí en el futuro, estudiar mucho más para no tener que hacerlo nunca más durante las vacaciones. Vi pocas veces a Rodrigo cuando regresó de Argentina, allá había conocido a una chica que también estaba de paso y desde entonces se frecuentaban. Mi vida hubiera seguido igual a no ser por los acontecimientos del mes de septiembre de 1973 que cambiaron para siempre nuestras vidas y nuestra historia.

Del resto no te cuento ya lo conoces, llegué a tu país con mi familia y es allí en mi país adoptivo en donde hemos vivido todos estos años, se quedó atrás la adolescencia, nos hicimos mujeres, aumentó la familia, tenemos hijos que nacieron en tu tierra y que son felices. Sin embargo, a pesar de todo, vivimos siempre con “la maleta lista” en ese tiempo de espera. No había podido regresar a mi país porque una letra “L” en mi pasaporte me lo impedía, pero en cuanto la borraron vine a reencontrarme con mi gente, con mis calles, con mi cordillera, con este entorno que siempre vivió dentro de mí.

Por eso te escribo amiga querida, para compartir mis emociones contigo. Por mi garganta no termina de pasar un trago amargo y un frío recorre mi espalda desde que la ví. Era ella, la señora Silvia. En cada paso dejaba un poco de la energía que ya casi se le extinguía. Con cansancio, con tristeza infinita me miró, iba con un grupo de mujeres protestando por la calle. Tuvo solo un leve parpadeo, Yo un estremecimiento. El retrato de su hijo desaparecido colgaba de su cuello.

ESCONDIDO EN EL ARMARIO

Por: Ana M. Fuentes C.

Marzo de 2015.

Escuché un ruido y me escondí en el armario, el calor es sofocante, respiro un fuerte olor a orines y excremento de ratones, espero lo que pueda ocurrir. No me atrevo a abrir la puerta, doña Ernestina me busca para darme la pega más embromada, limpiar los ventanales de su departamento, miraré entre las tablas, es probable que pase con su cabeza llena de ondulines, bata de vampiresa y sandalias doradas. Ya escucho su voz, son más bien chillidos aflautados:
-¡Filiberto, Filiberto!! ¿Dónde se metió este muchacho?
Contengo la respiración mientras avanza frente al mueble.
¡Pobre doña Ernestina! vive sola con sus cinco gatos y se ha neurotizado con el aseo, la semana pasada estuve un día completo limpiando los azulejos y los muebles de cocina, después que terminé, con una linterna constató que todo estuviera impecable.
La observo, al parecer, entró a su habitación seguramente a ver su teleserie favorita y a pintarse las uñas. ¡Quién imaginaría que esta niña hermosa que conocí de quince años a punto de casarse con su novio de toda la vida iba a terminar criando gatos después que Miguel León, su prometido, muriera en una balacera de narcotraficantes. Nunca se supo si tuvo algo que ver con los narcos.
-¡Filiberto, Filiberto!! Arremete otra vez, yo sigo en mi escondite, sudo abundantemente, estoy muy incómodo, traté de ponerme en cuclillas y se me acalambraron las piernas ¡Qué dolor más grande por la chita! Me debo aguantar los gritos, me sobo fuertemente la pantorrilla, trato de distender el músculo, me inmovilizo esperando que pase el peligro.
Ahora que aguzo el oído, me doy cuenta que no es el timbre de voz característico de doña Ernestina, sino el de alguien muy parecido, es raro, no lo reconozco, llevo diez años como conserje de este edificio y me extraña esta voz. ¿Salgo o no salgo? ¿Quién será? La curiosidad me vence, salgo. Camino en puntillas, me parapeto detrás del ficus, observo por el espejo, es un joven bien vestido con zapatillas de colores, collares, pulseras y melena corta, ¿me engaño? Parece que va maquillado. ¡Cómo no lo advertí antes! Es el mariquita de la botillería que me busca para jugar a las cartas. No sé a quién temer más, a doña Ernestina o a José Ramón. Me armo de valor y paso delante del armario con tan mala suerte que el mueble cae sobre mí.
-¡Pero qué le pasó amigo mío! Es José Ramón quien me auxilia levantando el mueble y recogiéndome.
-Filiberto, este encargo es para usted, la vecina del ochocientos dos se lo dejó. Es doña Ernestina, pienso. Me pasa una botella de whisky con una tarjeta que dice: “Te amo”.